Las Siete Virtudes Cardinales del Bushido

“Las intensiones no son suficientes para triunfar. Debemos llevarlas a cabo” escribió Yusan Shigesuke, samurai consejero del señor Matsudaira del clan Aizu.

En nuestros días, este consejo es mucho mas relevante que en los días en que fue escrito. Muchos maestros son juzgados por sus alumnos, los cuales toman las enseñanzas a la ligera al igual que su arte; esa actitud indiferente avergüenza el Dojo donde ellos entrenan.

Esos estudiantes los cuales solo están dispuestos a rozar ligeramente lo que ellos llaman aprendizaje, y rehúsan aceptar su espíritu verdadero pudieran desafortunadamente algún día llegar a ser maestros. Eso que ellos enseñaran no solo será una profanación hacia el arte, sino una contaminación que afectara a muchos.

En el verdadero bushido, no hay términos medios, donde el tonto y el sabio se conducen en un mismo camino con igual aceptación. Para definir a los verdaderos, los pergaminos nos enseñan siete virtudes cardinales que describen los valores, prioridades y la naturaleza de aquellos que son merecedores de que se le enseñe y de convertirse en maestros. Cada maestro debe ser un ejemplo de cada uno. Cada estudiante debe memorizarlos y regirse por ellos. Ellos son mucho más que meras palabras. Ellos son la base de un código de conducta que siempre debe ser seguido, aun fuera de las paredes del Dojo.

No están dadas en un orden particular de importancia o prioridad, ya que todas deben ser aprendidas a la misma vez.

CORAJ (YUKI)
JUSTICIA (SEIGI)
SINCERIDAD (SEIJITSU)
CORTESÍA (REIGI)
LEALTAD (CHUSEI)
HONOR (KEII)
PIEDAD O BENEVOLENCIA (JIHI)

El tonto se burlara y las descartara.
El hipócrita las escuchara y las descartara mas tarde.
El débil hará bromas con ellas junto con el tonto, se preguntaran pero no aprenderán nada.
El verdadero Deshi, escuchara, aprenderá, respetara y las seguirá en todo momento. Ese, y solo ese es merecedor de los secretos.

Un maestro no necesita perder tiempo describiendo a cada uno. El tonto será el primero en reconocerse, y después descartara el sentido, pero finalmente seguirá su propio camino. Sino queda nadie al final, no habrá ninguna perdida. “Será mejor perder un arte para siempre que enseñarla a un tonto engreído”.

Es mejor una joya hecha pedazos que una loza intacta.

Como escribió Yusan Shigesuke:

“Aquellos que solo sean capaces de seguir la mitad del código, se le enseñara solo como usar un tercio d e la espada”.                   


Trabajo traducido del boletín: “Daito Ryu Kandan.” De: “Fujiyama Dojo”, Canadá               

Documento de estudio para:
         “La Asociación Cubana de Daito Ryu Aiki Bujutsu.”


KAGAMI BIRAGI 2012

Caligrafías:

-Ai (Amor): una decisión que se torna constante.
-Kizuna (Lazos): que son irrompibles
-Inochi (Vida): indivisible de la identidad
-Tomo: (Amigo): nos definen y definen nuestra senda
-Tasu-karu (El ser rescatado o ayudado): una ofrenda
-Furu-eru (Tremor): esfuerzo, respeto y recompensa

Amor
Hay quienes se separan del Budo porque dicen no encontrar amor en el dojo. Esa es una actitud cobarde y egoísta. Si falta el amor en el dojo es nuestra obligación como budokas el traerlo con nosotros y ofrecerlo como parte de nuestra presencia y como muestra de gratitud. Amor al ryu, a su historia, a su tradición, al dojo en que recibimos el privilegio de ser parte de él y compartir sus enseñanzas. Amor hacia los maestros y todos los miembros del dojo.  Si hay quienes no son capaces de ofrecerlo con sinceridad, es el deber de aquellos que son sinceros el traerlo consigo y asegurarse de que el dojo es un lugar sagrado. 
Hay quienes se separan del Budo alegando que ya no le aman. Quienes hacen tal juicio demuestran no un cambio de opinión, sino la capacidad de traicionar. El amor verdadero no es un intercambio, sino una decisión que, de ser sincera, se hace una constante. Se toma por la virtud que percibimos en lo que amamos y se mantiene como una ofrenda personal a esa virtud. El verdadero Budo no cambia en su nobleza. Si alguien que se llame budoka decide de pronto que ya no le ama, es él quien ha cambiado, y el no amar lo noble da testimonio de su pobreza de carácter y bajeza de espíritu. No hay razón que no sea excusa, ni excusa cuya razón no sea justificar bajeza de espíritu. 
El amor al Budo y en Budo es una constante, porque no depende del placer que recibimos al entrenar, de lo que nos satisface el conocer técnicas o las ventajas que nos ofrece el poder usarlas, sino porque reconocemos la virtud del Budo, no su conveniencia. Amamos esa virtud. Y la extensión de ese sentimiento no se limita a lo que está escrito en las tradiciones del ryu. El código de conducta es una guía de lo menos que debe sentirse o hacerse por el ryu. Quien tenga un carácter sincero no requiere de un reglamento que le indique que debe amar y defender lo hermoso, ni pregunta hasta qué punto él debe amarlo o defenderlo para saber hasta dónde debe llegar, pues la respuesta es solo una: Hasta donde sea necesario, por toda la vida, y mientras haya vida en nosotros.

Lazos
Los lazos que nos unen al Budo son irrompibles. No son condicionales, no se disuelven cuando las circunstancias cambian, no se transforman en algo diferente para hacerlos compatibles con otras prioridades o nuevas tendencias. Cuando un alumno pasa bajo el Torii y se inclina ante el Shomen, si su espíritu es verdadero su identidad se unifica con el Budo y Budo es lo que le define, aun más allá de su nombre. Independientemente de cualquier otra cosa que hagamos o seamos, es Budo lo que nos define. No hay medico que practique el Budo, ni abogado que practique el Budo, ni general que practique el Budo. Si su Budo es verdadero, solo hay budoka que practica la medicina, budoka que practica la ley, y budoka que posee el rango de general. Cuando hacemos algo bueno o malo, no es nuestro nombre quien recibe el merito o la crítica, sino un budoka. Quienes sienten de esa manera son los budokas verdaderos.  Son aquellos quienes no solo son budokas al entrar al dojo, sino quienes llevan el dojo consigo a donde quiera que van.
Los lazos que nos unos al Budo son constantes, irrompibles y eternos, si somos sinceros.

Vida
Si Budo es nuestra identidad, nuestra vida en Budo no se limita a una parte de nuestra existencia. Termina solo cuando no quede aliento en nosotros. Y eso significa que todos los aspectos de nuestra vida estén en armonía con los preceptos del Budo, sin dobleces, ni contradicciones, sin momentos de acritud, ni de cinismo. Cuando un budoka se permite separar un aspecto de su vida del Budo, no hay virtud en lo uno, ni en lo otro, pues quien reniega de su identidad por beneficio personal o conveniencia, corrompe cuanto hace y se corrompe a sí mismo.  La presencia del Budo en nuestras vidas añade nobleza y razón a todo cuando hacemos y nos hace apreciar aun más lo hermoso y despreciar justamente lo que es vil.
Y de la misma manera que un budoka hace algo para merecer cada día, sea mil cortes con la espada, o una inclinación sincera ante en Shomen, también debe de hacer algo para merecer esa identidad y es el ofrecer su respeto sincero, su lealtad constante, su actitud correcta, y su esfuerzo físico en cada entrenamiento. 
   
­­­­­­­¿Que hombre se despierta una mañana y decide que el ser quien es demanda demasiado esfuerzo y decide dejar de ser, pero aun continuar viviendo?
El budoka verdadero no puede dejar de serlo, ni diluir sus principios, o re-interpretarlos, para continuar viviendo.
Para un budoka Budo es precisa y literalmente Vida.   

Amigo

Un budoka llama amigo solo a aquel quien le anima a mantenerse en la senda correcta, no quien le sugiere tomar una senda torcida porque aparentemente es más fácil o le ofrece ciertos beneficios, ni quien le ofrece compartir sus vicios, ni quien denigra lo que él debe respetar. Quizás a un hombre no deba juzgársele solo por la compañía que mantiene, pero sí de acuerdo al efecto de esa compañía. Si el budoka prevalece en sus principios, puede llamársele hombre, si por el contrario, se doblega ante la influencia de otros, entonces no debe de llamársele de esa manera.
Para un budoka el verdadero amigo o aliado es quien le hace acercarse aun más a su identidad y fortalecerse en ella y le advierte cuando decae. Quien le hace apartar sus ojos del camino correcto y debilita su identidad, sea esto influencia, persona, filosofía, tecnología o tendencia, no es amigo, sino una trampa ante sus pies, aunque sea una trampa que sonríe.
Nuestro juicio y elección de lo que llamamos amigo define nuestra senda.    

El ser rescatado

Cuando un budoka sincero entra al Tatami, siente que es ahí donde se interceptan la vida y la muerte y el está situado en el medio. Cada ataque representa la aproximación de la muerte y cada técnica ejecutada es una victoria sobre esta. No es un juego, ni un ejercicio físico. Es literalmente un duelo físico y espiritual. El budoka tiene el privilegio de haber recibido el conocimiento que le permite evadir, neutralizar y derrotar la influencia nociva. Y eso ocurre una y otra vez, cada día. Esas técnicas no le pertenecen. Él no tiene la propiedad de ellas, él no es su dueño, pero gracias a su lealtad y a su ofrecimiento personal al ryu, el budoka tiene el privilegio de usarlas mientras su lealtad sea real. Si es sincero, cada vez que ejecuta una técnica y neutraliza la aproximación de la muerte, él siente una deuda de gratitud que no cesa, al contrario, crece con el tiempo y cuanto más aprende, más grande es su humildad porque sabe que más debe. 

Hay un secreto que beneficia al budoka en ese sentir, pues es ese sentir lo que permite el aprender esas técnicas con un instinto que va más allá del aprendizaje cognitivo y físico. Quien no siente esa gratitud, quien se cree merecer y ser dueño de todas las técnicas de manera absoluta, se hace incapaz de aprender cuanto cada técnica ofrece, y le es imposible el preparar su espíritu al nivel en que puede usarla de manera instintiva. Su nivel de conocimiento y ejecución permanece superficial y mediocre.
Hay quienes hacen uso de recursos fáciles de aprendizaje, recursos que no les hacen responsables de merecer el aprendizaje. Esos que usan esas vías le roban al Budo, le roban su valor, pero también se roban a sí mismos, pues lo que así se aprende es solo una pálida mímica de lo que esas técnicas ofrecen. Aunque las imiten a la perfección de manera mecánica, nunca llegan a descubrir su esencia, ni experimentan los secretos del Budo verdadero y sus valores se corrompen, creando no un arte noble, sino un híbrido dañino. 

El budoka verdadero aprende y entrena con respeto y gratitud constantes. Su actitud no cambia, tampoco sus prioridades. Cada vez que ejecuta una técnica esa gratitud se siente, pues es como si fuese rescatado, como si ese conocimiento le salvara la vida una y otra vez. Cada detalle de cada técnica se hace inmensamente valioso y eso despierta, en el budoka sincero, la gratitud que le define y le motiva a dar más de sí mismo, a darse a sí mismo como ofrenda. Y Budo, a su vez, le ofrece a través de esa ofrenda, la vía de descubrir sus secretos.
Satori no es un producto de inteligencia, ni habilidad, sino de agradecimiento, respeto y humildad, 

Tremor

Llega un momento en el entrenamiento en que perdemos energía, nuestras manos tiemblan y parecen incapaces de sostener la espada. Ese tremor hace que nuestros dedos pierdan control y nuestra posición se hace precaria, como si el suelo bajo nuestros pies fuera inestable. Pero es en ese instante en que el maestro dice: "!otra vez!" y debemos reponernos y continuar. Y nos percatamos entonces que de nueva energía se genera, volvemos a alzar la espada y nuestra posición se hace estable de nuevo. Y una vez más podemos neutralizar el ataque, recobramos el derecho a vivir, aun después de haber pasado el punto en que en un verdadero combate hubiésemos muerto. Gracias a ello aprendemos a ir más allá del límite aparente.
Si nos dejásemos persuadir por lógica común o pragmatismo mundano, un ataque que llega en eso punto, nos hubiese cercenado la cabeza pues hubiésemos aceptado que nuestras manos no podían sostener la espada. La voz del maestro nos hizo ir mas allá de ese punto y la espada se alzo de nuevo.
Cuanto nos ocurre en la vida tiene ese mismo efecto. A veces las llamadas realidades del mundo nos hacen llegar a un punto en que casi abandonamos la espada, pero esa no es la realidad del budoka. La voz del maestro dice "otra vez" en ese momento de debilidad y esa es la realidad del budoka. Su identidad responde, su espíritu responde, y su espada responde. Literalmente haciéndonos merecer la vida, al adoptar nuestra identidad de budoka y todo lo trae consigo.  
Hay quienes en ese punto tirarían la espada a un lado y echarían a correr renegando de su identidad de budokas en un bochornoso intento de sobrevivir. En realidad, aunque continuaran respirando, estarían muertos. 
Es en ese momento, cuando el cuerpo y el espíritu van más allá del límite aparentemente lógico, cuando experimentamos Satori, cuando comprendemos más, cuando vemos más allá, cuando comenzamos a aprender los verdaderos secretos.
Como ocurre con las técnicas, ocurre en nuestra identidad. Cuando vamos mas allá de lo que el hombre mediocre considera su límite, es cuando comenzamos verdaderamente a ser, a ser budokas. 

Nota: Este documento es de uso y propiedad exclusiva de la Asociación Cubana de Daito Ryu Aiki Bujutsu-Saigo Ha Ko Ryu.
Máximo Roy Fernández Rodríguez- Renshi.

CHÛSEI NO KOKORO (El Espíritu de La Lealtad)

CHÛSEI NO KOKORO EL ESPÍRITU DE LA LEALTAD.
“la lealtad es una rara virtud en estos días”

Por: Máximo Roy Fernández Rodríguez.


Queremos comenzar con esta frase dicha por Ichikawa Yoshinori soke, para encabezar esta exposición, con la cual deseamos con marcado interés hacer llegar un mensaje a los oídos receptores de todos los practicantes de las artes marciales de nuestro país. Es nuestro objetivo supremo el poder rescatar un importante, pero descuidado principio del bushidô, casi ignorado hoy día por muchos instructores y estudiantes de las tradicionales artes de combate. Nos referimos al precepto “Chûsei” (lealtad).

Es lamentable notar el deterioro espiritual que ha emanado en los últimos tiempos de los practicantes de artes marciales; reflejadas a diario en las prácticas regulares en el dôjô, en demostraciones públicas y en competiciones deportivas. Estas burdas manifestaciones son como daga hiriente en el corazón de cada Maestro, cada dôjô, y cada estilo que le hacen sangrar, manchando la esencia misma del arte.

La lealtad que debe ser elixir cotidiano de todo ser humano debe remarcarse en el corazón del estudiante antes de arribar con su Keikogi al dôjô, pues el debe poseer un aclara conciencia de cual es verdadero objetivo en el mismo instante en el cual el es aceptado para emprender el largo y serio (Do) camino como artista marcial.

Sin poseer el espíritu del principio Chûsei es inadmisible enseñar el arte de la estrategia y la técnica a ningún estudiante y mucho menos que pueda entender y alcanzar el gran significado de Dô y Jutsu. Un verdadero estilo (Ryu) se crea, se reproduce y perdura en su conservación y trascendencia solo cuando sus seguidores encierran en su cuerpo y alma lealtad hacia si mismos, a sus preceptos y a sus maestros. No deben aceptarse cambios ni transformaciones. Lealtad no permite acomodos, ni facilísimo; lealtad es autentica voluntad, coraje y honor pues ella se nutre de fidelidad absoluta hacia algo o alguien y es contraria a debilidades.

Practicar artes marciales es un privilegio que requiere carácter y dedicación, no es solo aprender como muchos piensan, un sinnúmero de técnicas y habilidades corporales. Es seguir las enseñanzas del Budô y este no puede ser practicado sin el Chûsei no Kokoro.

En el camino que debe recorrer el practicante de artes marciales; sea estudiante, instructor o maestro, deben practicar, conocer, aplicar y conservar tres conceptos indispensables para desarrollar chûsei:

1.-  Giri.          (Deuda de gratitud hacia su estilo “Arte”).
2.-  On.           (Deber y deuda de gratitud hacia sus maestros).
3.-  Makoto.   (Sinceridad).

Estas deben ser puestas a prueba en cada instante de su vida.

La lealtad de un budôka esta siempre presente. En el dôjô cuando faltan las fuerzas por el riguroso entrenamiento y la voluntad empieza a ceder al no lograr dominar las técnicas que el maestro demuestra, o las que se deben pulir para alcanzar la aproximación a la perfección. Fuera del dôjô, cuando se necesita el coraje para enfrentar la muerte, no solo la física, sino la espiritual que es enfrentarse a la sociedad que critica y ofende nuestro arte, y nuestra conducta poco común para con los que nos empujan a manchar nuestro espíritu con debilidades tales como la arrogancia, el vicio, el rencor, las burlas y las ambiciones humanas desmedidas.

En el caso de instructores y maestros, la lealtad hacia su estilo debe reflejarse en su conducta. Lealtad es sencillez, modestia; no arrogancia, extremismo, ni abuso de poder. Tampoco autovaloración del nivel técnico ni extravagancia. Un maestro debe conducirse con sobriedad en cada acto de su vida exigiendo y a su vez siendo ejemplo. En el mundo de las artes marciales podemos definir la lealtad como la mas hermosa, elevada y difícil manifestación de Amor, la cual debe llevarse como premisa fundamental en el corazón del budôka, pues sin ella su arte no se consolidara jamás verdaderamente ya que la misma porta la llave del desarrollo integro de cada estudiante y posteriormente de cada maestro que deberá portar el principio ineludible de Shoshinsha (espíritu del principiante) cuando imparta el hermoso legado de su arte y no traer desvergüenza, deshonor, ingratitud y cinismo al mismo, sin honor (Kei-i) y proliferación.

Lealtad es fuerza de espíritu, ética, sacrificio, dedicación, compasión y disciplina. Cuando un maestro, que ha instruido por a años sus estudiantes y los convierte en sus discípulos en el arte o en su estilo, muere, o pierde facultades o ha sufrido cualquier otro incidente que lo separa de la conducción de su arte para continuar la instrucción en el proceso conocido como Shu-Ha-Ri, entonces el estudiante o instructor es cuando realmente se define como autentico y leal discípulo al tomar la responsabilidad de su arte y su estilo como un embajador del mismo y lo transmite con toda su energía y espiritualidad, continuando el legado de su maestro; proporcionando así la conservación autentica y digna de las experiencias técnicas, los principios, la estrategia y el propio esfuerzo amoroso que durante mucho tiempo el retomo de su maestro para elevarlo a lo mas alto del pedestal de sus sentimientos.

Los alumnos que se resienten ante estos deberes solo pueden catalogarse como traidores, hipócritas y cínicos que solo persiguen las oportunidades y los elementos técnicos para obtener beneficio propio en su vida personal y privada. Estos son los que manchan, degeneran y destruyen los dôjô, estilos y vergonzosamente olvidan a sus propios maestros. Estos son los individuos que no trascienden en la generación del arte, por muchos logros que aparenten alcanzar ante los ojos ciegos de los que miran, les persiguen y aclaman con falsas adulaciones, son la vergüenza personificada de un legado que al final traspasará los umbrales de su propia y tristemente “celebre” historia, conduciéndolos en la mentira y mediocridad humana sin un posible retorno a la paz en sus vidas como objetivo supremo del Budô.

Por ultimo, para finalizar con este modesto escrito, hago cita de un fragmento redactado por Ayako Yamamoto Sensei en una dedicatoria que nos hizo para un documento de trabajo, el cual resume cabalmente lo que es el verdadero “camino” a seguir por un autentico espíritu en las artes marciales. Ella nos escribió: “El verdadero Budô es coraje, integridad, humildad, respeto y lealtad; y esas virtudes se prueban en la vida diaria. No son decididas en el instante por la bandera de un árbitro. La senda correcta, por supuesto, es la más difícil. Los débiles la traicionan, los ignorantes la rechazan y los estúpidos la ofenden. En la memoria de cada maestro hay decepciones amargas por causa de alumnos que rechazan o vuelven la espalda. Pero también hay satisfacciones que cada alumno que se esfuerza, que permanece fiel, que es capaz de comprender y actuar y acatar cada precepto de la misma manera que aprende cada técnica. Y es la esperanza de cada maestro que las segundas sean mucho mas numerosas que las primeras.”

¡Gracias por sus encomiásticas y sabias palabras Sensei, por ello le decimos Dômo arigatô gozaimashita. Nosotros mantenemos firmes y elevado perennemente el principio de Chûsei.

   Documento de estudio para:
 “La Asociación Cubana de Daito Ryu Aiki Bujutsu.”

Jimmu Tenno “El Primer Emperador”


Jimmu Tenno fue el primer emperador de Japón y fundador de la línea imperial que se extiende hasta nuestros días. Jimmu Tenno, cuyo nombre completo es “Kami Yaniato Ihare Biko’, y su nombre personal es Hiko Hoho Demi.

La tradición nos cuenta que el desciende de Ninigi no Mikoto”, el nieto de Amaterasu Omikami y además es conocido por establecer y unificar Japón.

Durante la búsqueda de Jimmu Tenno para consolidar Japón, navegó a la región de Kumano (actualmente prefectura de Wakayama). Esa área (península de Kii) era conocida por ser un lugar muy místico, rodeado por fuerzas sobrenaturales y humanas de índole salvaje. Aún en estos días muchas personas tienen la firme creencia de que la región de Kumano es un foco de actividad síquica intensa. Es una región muy agresiva como muchas personas pudieran decir. Existen además muchas historias de fantasmas y de espíritus violentos en este lugar.

Una de las últimas asociaciones con las imágenes de aves de presa, como águilas y halcones ocurrió cuando Jimmu Termo estuvo en Kumano.
Nos cuenta la leyenda que durante una batalla en particular, un Kite (especie pájaro dorado), halcón dorado, aterrizó en el arco de Jimmu Tenno, dio un poderoso grito y emitió una luz brillante que hizo retroceder a las fuerzas opositoras. Las imágenes de Jimmu Tenno a menudo se representan con un Kite en su arco, y desde esos tiempos hasta nuestros días el símbolo del ave de presa permanece intrínsecamente conectado al Budo tradicional, no solo como un símbolo sagrado, sino también como un símbolo lleno de significados, solamente la luz representa la virtud, la energía, la concentración, el conocimiento y la vida. Esta es la historia más relevante de Jimmu en Kumano.
La segunda historia más importante es la que relata como, cuando al arribar a una determinada región de Kumano enfrentándose a fuerzas rebeldes, Jimmu Termo invocó toda su energía, levantó su espada y permaneció en esa posición, observando al enemigo pero sin mirar a ninguno de ellos en particular. Su energía y su espíritu se fusionaron con su espada volviéndose uno. El no tuvo necesidad de atacar. El no arrebató ninguna vida. El enemigo se vio inutilizado, haciéndosele imposible llevar a cabo ninguna acción contra él. El mero acto de elevar su espada cargada con su propia energía aplacó los disturbios, no hubo necesidad de más acciones. En este sentido, la espada blandida por Jimmu Tenno fue de Aiki Myo Ken (la espada maravillosa que da vida). Esta historia es la primera y más antigua mención, de “La espada que da vida”, la espada divina, en la batalla.
Muchos son los símbolos que evoca el concepto de la espada divina. Muchos maestros dicen que la Espada Divina representa el sistema nervioso humano, la percepción (los sentidos), la compasión, la gentileza, el más fino y armonizado intelecto. Lo que es decir, lo mejor del espíritu del hombre.
Por otra parte, la espada inferior, aquella que lo corta todo, Satsujinken, la espada que quita la vida, la espada que es solo un mero instrumento técnico, representa la patología de la mente, la agresión, las pasiones bajas, las tendencias bajas. Es decir, lo peor del espíritu humano.
La espada superior es aquella que da vida, la espada que cura y purifica, Katsujinken.
Este Iki — Ken (espada de vida) es la fuerza unificadora, la fuerza que revivifica, la tuerza curativa que emana de nosotros y de la naturaleza. Cuando Jimmu Tenno elevó esta espada suprema las fuerzas destructivas fueron doblegadas y la armonía fue reestablecida sin derramamiento de sangre. Jimmu Tenno creció en poder y sabiduría, no en orgullo ni en vanidad, con cada una de esas dos experiencias. El fue conciente de que en ambos casos alcanzó la victoria no por si mismo sino siendo depositario de algo superior que le fue entregado. El fue un mero conductor de la sabiduría antigua y de las virtudes ancestrales. Dejando la vanidad anidar en su corazón, ninguna virtud hubiera podido permanecer. La espada que da vida no es una analogía de una estrategia superior, o de un poder superior, pero si de una grandiosa sabiduría y de un espíritu superior.
Sin el respeto verdadero, el verdadero sentido del deber y la verdadera gratitud la espada permanece en un estado inferior. Es muy difícil para un maestro describir el significado de estos conceptos y más aún enseñarlos, ya que alejan al hombre de la naturaleza baja, no porque las personas no puedan entenderlos sino porque son propensas a prescindir de ellos y a rechazarlos.
Existe un pasaje acerca de un samurai que fue a ofrecer sus respetos a un santuario y se hospedó en un hostal que quedaba cerca. Otro huésped de la misma posada le preguntó el nombre del Kami (dios) cuyo santuario el estaba visitando. El samurai, que estaba ya preparado para irse a la cama a dormir, educadamente evadió dar una respuesta a la pregunta efectuada, asegurándole al otro huésped que él le daría una respuesta adecuada a la mañana siguiente. Cuando el interlocutor insistió, el samurai se levantó, vistió sus ropas formales nuevamente, sentándose muy derecho sobre el cojín, realizó una reverencia, y solo después dijo “Amaterasu Shimasusume Omikami”. Tras lo cual se inclinó nuevamente, expreso las buenas noches, se desvistió doblando sus ropas y se recostó para dormir. Solamente por respetó el no podía decir el nombre de la deidad en sus ropas de cama.
Para aquellos que entiendan esto, nada más debe ser dicho. Ellos pueden entender La Espada que da la Vida. A aquellos que no han entendido, nada más debe ser dicho.

Este articulo es cortesía de “Fuji Yama Dojo” Canada

Primer Activo de las Artes Marciales en Cuba

(21 y 22 de marzo del 2003).
 Estamos aquí hoy tratando de “decidir” el futuro de las artes marciales en Cuba, una gran responsabilidad, una ardua tarea y nos preguntamos si estamos preparados o conocemos el verdadero significado que encierran los caracteres (kanji) del verdadero Budo o Bujutsu, sabiendo que quizás dominando perfectamente los idiomas chino, japonés, Coreano, etc., aun así no podríamos entender su verdadera connotación, puesto que no se trata de un problema semántico lo que lo define, sino de algo enteramente espiritual y ni siquiera esto, pensamos, puede valorarse dedicando muchos años a la práctica de un determinado arte marcial, puesto que no es el sudor derramado ni el tiempo invertido ni el potencial de habilidades técnicas ni el haber alcanzado elevados rangos quienes avalan el vasto conocimiento del verdadero Budo (Bujutsu).
Para entender esto se necesita primeramente de algo más elevado y puro, se necesita de coraje, no del “coraje” que muchas veces se mal interpreta relacionándolo con rudeza, la bravuconería, la arrogancia o simplemente haciendo grandes alardes de nuestro potencial de habilidades. Hablamos y nos referimos al principio y al concepto de “Yuki”, el coraje modesto y callado, el coraje que se necesita para no doblegarnos ante las “presiones sociales” , como son, por ejemplo, las malas actitudes del espíritu, las ganancias monetarias, el lucro, los vicios, la práctica de hechicerías, etc., emanaciones estas, negativas y muy comunes por estos días, estrechamente relacionadas con lo que injustamente llaman o denominan, algunos, “artes marciales” o “deportes de combate”. “Vale la pena añadir que este paralelo establecido entre la debilidad de espíritu que promueve la tendencia a la embriaguez y el uso de la hechicería o la adivinación para tratar de ver o influenciar el futuro, se fundamenta en que, de acuerdo a los viejos códigos del Bujutsu (Budo) ni el coraje, ni la lealtad, ni la integridad ética de un individuo que se permite esas debilidades son dignas de confiar”. Como muchas veces se nos ha instruido: para ser Budoka se necesita dejar de hacer cosas necias. Por ello queremos hoy aquí llamar a una profunda reflexión consciente, a todos los maestros y alumnos que transitan a través del arduo y profundo camino de las artes marciales, puesto que practicarlas verdaderamente es un privilegio, que requiere también de carácter e incesante dedicación, las cuales no deben convertirse en un mero propósito de aprender un sin número de técnicas y alcanzar elevados niveles de fuerza y destreza física como muchos creen, sino que a través de ellas se persigue recibir y alcanzar las sabias y ancestrales enseñanzas del auténtico Budo y este no merece ser enseñado a nadie sin una férrea prueba que muestre lealtad y pureza del corazón.
El verdadero sentido de practicar las artes marciales inspira a la humildad y ala compasión como pilares fundamentalmente que conducen a los seres humanos que las representan, a llenar su mente de excelentes y grandiosas virtudes, las cuales se reflejarán en el transitar de sus vidas conducidas por senderos difíciles, pero auténticamente dignos desde el, primer momento en que ellos tomen la firme decisión de adquirirlas con el propósito de transmitir amor y paz en toda las humanidad, razones suficientes para que quien se considere budoka, perfume su espíritu con aromas inmaculados y expresen en cada acción los puros sentimientos que le impulsan a estudiar un arte marcial, todo esto forjado con una brillante e inquebrantable disciplina frente a sus semejantes, solo así él o ella avivarán el fuego amoroso de la justicia, el honor y la benevolencia, simientes estas sin la cuales ni alumnos ni maestros de las artes marciales consolidarán jamás el verdadero y noble propósito del Budo.
La instrucción de las artes marciales (Budo o Bujutsu) se basan en GIRI (deber de cada budoka hacia su estilo) y ON (deuda de gratitud que siente hacia su maestro) sin estas obligaciones del honor, sin estas gratitudes del espíritu no podemos ni podríamos llamarnos Budokas, ni expresar una sola palabra relacionada con las artes marciales.
Los antiguos códigos de ética y conductas escritos para formar y educar la conciencia de los guerreros ancestrales o artistas marciales, no han perdido vigencia, todo lo contrario, en el mundo de hoy cobra mucho más valor, puesto que la humanidad necesita retomar tales como rectitud, benevolencia, fidelidad, cortesía, lealtad, honor y coraje dado que las nuevas tendencias, tergiversándolas y prevaleciendo penosamente el cinismo, el sarcasmo, algo tan indigno y oscuro para el espíritu humano que al expandirse fuera de las paredes del Dojo envenena a la sociedad y deteriora al mundo contemporáneo. Las artes marciales deben y pueden contribuir a salvar estos nobles valores, pues el espíritu del Budo es el considerar el entrenamiento como algo que se ofrece, no como algo que se recibe, y no acepta dicotomías en el corazón del verdadero budoka. Se es o no se es un verdadero budoka, pues no podemos ser hombres unas veces y otras no. La fuerza del carácter que requiere el practicar artes marciales es como elíxir para el espíritu, no como un fuego consumidor que después poco a poco se apaga.
 Onishi Akisaguro Sensei nos legó una enseñanza que creemos sea importante citar para los que instruyen las artes marciales, él escribió:
 “No existe mérito alguno en enseñar técnicas solamente; cualquiera puede dar lecciones de como matar. Todo lo que se necesita para eso es miedo latente. Lo más difícil de enseñar es como vivir. Budo es vida y un verdadero maestro de Budo es aquel que educa con su ejemplo y para eso se necesita coraje y sabiduría. A menos que comprenda estas cosas en sí mismo no puede uno considerarse un maestro”.
 En las verdaderas artes marciales, no existen campeones ni se otorgan medallas ni trofeos. No hay otra recompensa que el esfuerzo diario en la práctica de las técnicas del estilo y el cultivo del espíritu, no existen propagandas en cuanto a rangos ni se exalta la personalidad, sino que cada budoka se convierte en un representante de su estilo (Ryu) ante los ojos de otros sin anunciarse y en este relativo anonimato transcurre la vida de un verdadero budoka, no existe un incentivo que algún día el pueda transmitirlo sin cambiarlo a otras generaciones.
El pertenecer a un estilo es solo un privilegio, no un derecho que se alcanza pagando una mensualidad, esto es algo que nunca debe perderse de vista, (budoka, sea alumno o maestro) debe ganarse respectivamente el derecho diario de ser instruidos o de instruir a otros. Esta es la diferencia existente entre las enseñanzas del verdadero Budo y las “versiones modernas del mismo” que diluyen e ignoran los preceptos ético-morales, disciplinarios en los cuales, esencialmente se sustentan las artes marciales.
 La nueva generación de budokas, como las generaciones anteriores, debe dedicarse a su arte con la misma devoción con la que un concertista se dedica a su música o un apóstol a su fe. Es más justo el ofrecernos por completo al arte que aprendemos y trasmitimos, que demandar “sus beneficios”. 
Hemos visto con pena y desagrado a individuos que se hacen llamar budokas portando indecorosamente en su uniforme el emblema familiar (Mon) de su estilo, que representa a un arte marcial, justamente situado sobre el lado izquierdo de su pecho, el cual, como toda arte marcial tradicional fue fundado por un honorable maestro y que en muchos casos este propio emblema fue un digno estandarte de una familia o un clan enarbolado en el campo de batalla, lo cual creemos es denigrante, al ver manifestarse de forma incorrecta a estos individuos, los cuales muchas veces, bochornosamente, desconocen el origen y la filosofía que el mismo representa, esto es una mancha indeleble para cualquier Ryu y sus maestros fundadores. Esto no puede definirse como Budo, esto es cinismo. ¿Qué haremos para solucionar tales vergonzosos actos? ¿Cuál será nuestra respuesta ante tan denigrantes hechos? Aun con gran dolor tal vez no lo sepamos, por estas razones instamos hoy aquí a todos los budokas cubanos a que no se permitan o permitan a otros manchar la verdadera imagen del Budo (Bujutsu). Las artes que aprendemos y trasmitimos no nos pertenecen, no son fuentes para engrosar un tesoro monetario, no son una mercancía para vender, no fueron creadas para el lucro ni surgieron como medio de enaltecer nuestro propio ego, son una vía , un camino y un sendero purificado que nos conduce a forjar cada día nuestra identidad, son a nuestro entender la forma más digna en que podemos retornar a nuestro origen y hallarnos a nosotros mismos, son valiosísimas fuentes filosóficas que purifican y elevan nuestras formas de vida y convivencia, son el alimento necesario que debemos consumir y servir a las futuras generaciones para que nunca dejen de existir y de instruirse las más dignas virtudes humanas. Esta es la verdadera vía de un auténtico guerrero y de un sincero artista marcial. El mismo camino representado por el sufijo “Do” al cual tantas veces se refirieron maestros como Morihei Ueshiba O Sensei, Jigoro Kano Sensei, Funakoshi Gishin Sensei y maestros anteriores a estos como Tanomo Saigo Sensei, Sokaku Takeda Sensei, entre tantos otros.
 Comprendemos hoy las sabias enseñanzas de Hanmura Iezuke, quien expresó:
 “No instruyas en el arte de la espada a ningún hombre que se deleite en la guerra, no confíes en quien se llama a sí mismo “guerrero” y se enorgullece de su propia destreza. Un hombre de verdadera fuerza y virtud se deleita en la paz y cultiva su espíritu con discreción, sus habilidades marciales son para él una cuestión de deber, no de vanidad.”
Esto es una gran verdad que debemos recordar y prender como algo vital en nuestro corazón como artistas marciales que pretendemos ser.  
Cabe preguntar nuevamente: ¿Es que tanta sabiduría, tanto esfuerzo y tanto amor se perderán? ¿El egocentrismo, la ambición, el dinero, la ignorancia tendrán mucho más valor en nuestros corazones que el honor, el respeto, la dignidad, el decoro y la purificación espiritual de la vida de muchos hombres? Si la respuesta es no, tenemos la esperanza de poder continuar llamándonos budokas sin tener que avergonzarnos y bajar nuestros rostros ante la mirada de los maestros que nos antecedieron, cuyas imágenes están presentes en nuestros Dojos y fuera de ellos o quizás ante la observación de personas dignas. Si la respuesta es sí, entonces no habrá motivos de ninguna índole para transitar el camino del Budo verdadero, mejor sería apartarnos eternamente y dejar que otros con mejores causas lo continúen, “pues es mejor-como expresó Ichikawa Sensei- un diamante hecho pedazos que una teja intacta”. Aun tenemos una opción: ¿Crear una generación de hombres inseguros de sí mismos, desleales, incompetentes, indolentes e ignorantes, serán estos nuestros futuros alumnos?
 Tal vez seamos catalogados como personas lunáticas,  chovinistas, dogmáticos u obsoletos, pero lo que queremos hacer ver son virtudes que no deben ser olvidadas. Esto fue lo que se nos enseñó y es esto lo que consideramos justo de enseñar: “El verdadero Budo no es un deporte, es un disciplina del cuerpo y del espíritu que precisa de una dedicación absoluta, de una fidelidad absoluta y de una honestidad absoluta. El verdadero Budo es totalmente incompatible con la arrogancia, la rudeza, los vicios y el egocentrismo. Habilidad técnica no significa nada si falta la dedicación, la humildad y el espíritu correcto. El alumno incapaz de seguir estos preceptos es un hipócrita in merecedor del arte que se le instruye”.
 Pedimos prudencia a aquellos que se relacionan con la práctica y la instrucción de las artes marciales. “Las virtudes del verdadero budoka se prueban en la vida diaria y no son decididas en un instante por la bandera de un árbitro. La senda correcta, por supuesto, es la más difícil. Los débiles la traicionan, los ignorantes la rechazan y los estúpidos la ofenden”, como nos señaló la Sta. Ayako Yamamoto Sensei.
 Les exhortamos a esta vital reflexión que se nos ha enseñado, por el bien y el porvenir del Budo Cubano.
 ¡Domo Arigato Gosai Mashitá! ¡Gokuro Samadeshitá!
Máximo Roy Fernández Rodríguez.
Presidente de La Asociación Cubana de Daito Ryu Aiki Bujutsu 

“KADO” o “IKEBANA”




“KADO” o “IKEBANA”

("El camino o la vía de apreciar las flores")

Por Máximo Roy Fernández Rodríguez



Esta vía del arte japonés de apreciar las flores, surge como ofrecimiento de ofrendas divinas ofrecidas por los monjes budistas en la antigüedad y se desarrolla hasta convertirse en una forma independiente de arte a partir del siglo XV con numerosos estilos y escuelas.
Este arte es una forma de demostrar gratitud a la naturaleza y en su visión llevó el espíritu del ser humano a un nivel de desinterés donde la simplicidad y la humildad son necesarias para encontrar la verdadera armonía.
Se recuerdan más de 3000 escuelas de KADO. Este arte también fue conocido con el nombre de TATEBANA. (RIKKA).
Algunos guerreros en premiación a la brevedad de sus vidas se inclinaron a observar con más intensidad las bellezas naturales y a sentir el placer en ver cosas que otros tomaron como premio: YUMI-MI (Apreciar la nieve), TSUKI-MI (Apreciar la Luna), HANA-NI (Apreciar las flores). En realidad estas formas de apreciación fueron actividades de un significado más profundo que la contemplación como escribió Ryoami al Shogún Yoshimasa: “De reverencia y apreciación.” También, Dadoji Yusan escribió: “Un hombre incapaz de apreciar la belleza de las flores, no debe ser confiado a defender los intereses de su señor, no debe ser creída su lealtad.” 
Muchos estilos de KADO fueron desarrollados siguiendo métodos específicos y caracteres: “SHI”: Formal, “SO”: Informal, “GYO”: El intermedio entre los dos. También la temporada del año (Estación) tuvo y aún posee gran importancia en KADO para los arreglos, sugiriéndose: Las Camelias (En invierno y primavera), Los Narcisos (EN invierno), Los Crisantemos (En otoño), etc.
El arte del arreglo floral comenzó a alcanzar su prospera plenitud en el período MUROMACHI. Anterior a este existía una tradición de arreglo de flores en jarrones, pero en este momento de la historia las flores empezaban a arreglarse para enaltecer el valor del jarrón. Fue SENKEI IKENOBO el que introdujo el arreglo floral en la sala de Té. La escuela IKENOBO obtuvo el apoyo total de las masas y se convirtió en la escuela representativa de este Arte. Como podría esperarse, la decoración floral de la sala de Té no debía aspirar a producir un efecto de elegante belleza, sino que debía expresar pureza y sencillez en su esfuerzo por penetrar en las profundidades de la naturaleza.
El mundo natural del Japón, siempre ha proporcionado hermosas flores en todas las estaciones del año y su belleza ha decorado la sencilla vida cotidiana del pueblo Japonés; esta belleza llegó a tener su significado espiritual. A comienzos del periodo EDO el IKEBANA (KADO) se ganó este último calificativo “KADO” (Camino de las flores) Con su connotación de disciplina espiritual.
Desde entonces este arte ha perdurado. Al igual que la “Ceremonia del Té” (CHA NO YU), el arreglo floral era uno de los requisitos culturales indispensables para las damas en el periodo EDO. La ceremonia del Té y el arreglo floral, son dos reflejos de la cultura japonesa.
ICHIKAWA YASUHIRO (Experto Samurai) se refirió al Kado, a la poesía, ala música, a la escritura y a la pintura como: “El otro lado de la espada.” El lado perteneciente al espíritu. También otros como él, inspirados en la gran hermosura, y el sutil, y romántico misterio de las flores expusieron sus criterios sobre ellas como TAKAHARA KYOSHI cuando escribió: 
“A fuera en mi ventana
Está una Camelia
Así yo no me siento solitario.”


 





                      OTRAS CONCEPCIONES SOBRE EL “KADO”
 
 




El Kado presta gran atención a las plantas y los recipientes así como al espacio que los rodea, distinguiendo a este arte del simple uso decorativo de las flores.
El estilo conocido bajo el nombre de RIKKA o TATEBANA (“Arreglo erguido”) es uno de los estilos más antiguos de arreglo floral. Se inclina por los arreglos sofisticados que intentan reflejar la majestuosidad de la naturaleza. Según especulaciones se cree que fue un modo de ofrenda a las Divinidades, del complejo simbolismo de la cosmología budista, conectado con cada una de las siete ramas.
A fines del siglo XVI aparece una nueva forma de arreglo floral para la ceremonia del Té, llamada NAGEIRE (“Tumbado o dejado caer”) Posteriormente en el culmino del siglo XVII, se observa la aparición del estilo SHOKA o SEIKA (“Flores cortadas) que se compone fundamentalmente de tres ramas componiendo un triangulo asimétrico. El ideal del estilo SHOKA era trasmitir la esencia de las plantas y de su línea natural de crecimiento.
En el ocaso del siglo XIX tiene lugar un resurgimiento del IKEBANA, cuando O HARA UNSHIN introdujo su estilo MORIBANA (“Flores amontonadas”) que pone énfasis en el color y en crecimiento natural de las flores, utilizando composiciones planas que casi tocan los bordes de recipientes poco profundos. 
En el periodo de posguerra un vanguardista del IKEBANA, revolucionó los materiales considerados como aceptables. No solamente las flores cortadas y las hierbas eran utilizadas, sino también el plástico, el yeso y el hierro se consideraban aptos para expresar conceptos surrealistas y abstractos en los arreglos. Hoy día hay aproximadamente 3000 escuelas de IKEBANA en Japón. Los estilos más populares son el IKENOBO, el O HARA y el SOGETSU.
 




PRINCIPALES ESTILOS SEGUN
EL JARRON UTILIZADO
 





Estilo MORIBANA: “Flores amontonadas”: Se utiliza en floreros poco profundos (SUIBAN) usado el KENZAN (Base de metal con clavos). Existen dos formas o estilos   en el método Moribana: El estilo vertical y el estilo inclinado. En el recipiente poco profundo se vierte agua hasta la mitad y se escogen tres tallos principales para el arreglo floral inicial. Estos tallos son: 
SHIN que es 11/2 ves más largo que el diámetro del recipiente utilizado, más la altura del mismo, SHIN es el tallo principal y se coloca en el florero a 45º hacia la izquierda.
SOÉ: Tiene generalmente 3/4 del largo del Shin. Se coloca en el florero a 15º a la izquierda.
HIKAÉ: Es el tallo más pequeño (Con flores de ser posible). Posee una longitud de ¾ del largo (O la mitad del largo) del tallo del SOÉ. Se debe colocar hacia la derecha del florero.
Después de seleccionar estos tres tallos iniciales y principales, las ramas y las flores complementarias se deben colocar a 65º.  
Un punto importante es que: Mientras se realiza el arreglo las flores se deben cortar bajo el agua (En un recipiente extra). Esto permitirá una más larga duración de las mismas.
 
Estilo NAGEIRE: (“Tumbado o dejado caer”). Se realiza en floreros profundos, sin el uso del KENZAN,. En sustitución de los mismos se utilizan “Ramas auxiliares,” que se cortan por su centro (Del tallo) una o dos pulgadas, en dependencia del largo de los tres tallos principales (SHIN, SOË y HIKAË) los cuales son similares a los del estilo MORIBANA y que se introducen a su ves en estas ramas, entrecruzados, con las mismas proporciones con relación al jarrón.
Existen los mismos estilos y otros, destacándose el SUISHIN (“Estilo colgado”) donde la rama principal “SHIN” se encuentra por debajo de la boca del florero. También se destaca en esta forma el volumen espacioso.
 
 
                                           Mis estudios sobre IKEBANA. Noviembre del 2000.

Historia del Daito Ryu Aiki Jujutsu




Por: Máximo Roy Fernández Rodríguez
Lo que hoy se conoce con el nombre de Daito Ryu Aiki Jujutsu tuvo su origen según datos tomados de su árbol genealógico desde 858 d.C. a 1890. Su seno fue el Clan Minamoto quien diera origen al Clan Aizu, se define como creador de sus bases a Shinra Saburo Minamoto Yoshimitsu (1056-1127). Un legendario guerrero samurai, quien según se afirma, se dedico al estudio del mecanismo articulatorio humano, el cual examinaba minuciosamente luego de recoger los cadáveres de los guerreros caídos en combate luego de las sangrientas batallas. Se agrega a esto que Yoshimitsu también dedico gran tiempo a observar y estudiar la forma de vida de las arañas; como cazaban y enredaban a sus presas inmovilizándolas totalmente, cuando trataban de liberarse inútilmente para escapar del indestructible control. Así nacieron las primeras estrategias del arte del Clan Aizu.
Especulaciones de otros textos poseen otras teorías como que el Daito Ryu proviene del Tegoi, un antiguo antepasado del Sumo, el cual fue practicado por los guerreros en los santuarios sintoístas, para obtener los favores divinos del pueblo y que después se encamino más hacia un arte marcial.
Otras teorías sostienen que el Daito Ryu surgió del estilo Asayama Ichiden Ryu, pero esto nunca ha sido corroborado, por lo que sostenemos que lo más fiel es lo relacionado con la vida de Yoshimitsu.
En su evolución el Daito Ryu recoge innumerables facetas relacionadas con la historia del “país del sol naciente”. En su enorme genealogía se registran nombres de ilustres personalidades y legendarios guerreros que dejaron marcados vestigios de sus fuertes caracteres, sus vidas y su gran amor matizados por un alto dominio de las estrategias del arte de la guerra. En la larga lista de nombres podemos destacar algunos que sobresalen como: el emperador Seiwa, el príncipe Sadasumi Minamoto Sunetomo, Minamoto Yoshie, Takeda Shingen (el lord de kai), quien fuera una figura importantísima como líder, filosofo y estratega, el fue un hombre que siempre hizo énfasis en el cultivo del espíritu y del conocimiento, lo cual inculcaba a todas las personas con las cuales se relacionaba (soldados, generales e incluso con sus propios enemigos).
Takeda Shingen, combatió siempre con gran valor y con sabiduría y respeto impresiono incluso a su mas cercano rival el gran Uesugi Kenshin, el cual lo admiraba. Takeda Shigen muere en abril de 1573 en la toma del castillo de Noda, según se ha dicho producto de un disparo en la cabeza, pero su legado estratégico y filosófico, no solo enriqueció la moral de los guerreros, sino que aun hoy matiza la estrategia y los principios que rigen el arte del Daito Ryu. Sus cuatro diamantes símbolos y estandarte del Daito Ryu actual es una prueba magnifica de su sabiduría. Este Mon (emblema) de la familia takeda representa a los cuatro conceptos de la perfecta estrategia, las cuatro virtudes, que se conocen como: “FURINKAZAN”, o sea “Haya Nyo Fu” (veloz como el viento), “Sei Nyo Rin” (silencioso como el bosque), “Shin Nyo Ka” (conquista como el fuego), “Fudo Nyo Zan” (inmóvil como la montaña).
Esta importante estrategia se recoge en el Daito Ryu No Gokuen e ilustran los principios del Hi Jutsu (arte secreto) aplicadas en las técnicas del aiki.
Después de la muerte de Shingen y la perdida de sus dominios algunos descendientes de el llegan al Clan Aizu (antiguo Clan Minamoto), para unirse a las familias que ya radicaban en el, como la familia Saigo Hoshina Matsudaira. Uno de estos prominentes hombres fue Takeda Kunisugo quien introduce allí el arte de la familia, apropiado para ser usado en lugares abiertos, o en el campo de batalla por lo cual sus movimientos eran amplios. Sin embargo en el Clan Aizu ya se practicaba una forma de estrategia por la familia Saigo Hoshina, que se fundamentaba en la estrategia de ser usada en lugares reducidos, o sea, dentro de la corte o el palacio, guardando celosamente las reglas de conducta y la ética cortesana y usando el poder respiratorio y la ejecución de técnicas silenciosas con economía de movimientos. Se conocía con el nombre de “Goten Jutsu” (arte de palacio), “Odome” (arte de apresar), y también “Yamato Ryu” (arte de Japón)
Al fusionarse estos métodos con el arte de los Takeda, con altos gritos y fuertes técnicas de gran amplitud esto da forma al conocido “Oshiki Uchi” (arte para la ceremonia honorífica interna) el cual paso a ser la estrategia preferida para el combate del Clan Aizu como arte secreto regido por inviolables reglas de conducta.
El arte de Oshiki Uchi fue enseñado por muchos maestros dentro del clan en un complejo de artes marciales nombrado “Nishin Kan”. Uno de los mas importantes maestros fue Saigo Tanomo (1830-1903) quien fuera alumno de Soemon Takeda (1758-1853), quien enseñaba el método In Yo Ho (un sistema de aiki Yin-Yang). Tanomo fue una figura relevante, no solo en el arte, sino en la historia y en la política, su gran aporte al Daito Ryu fue haber recopilado y reorganizado los documentos, la estrategia y la filosofía del arte del Clan Aizu, después de la caída de este bajo las fuerzas imperiales en la era Meiji (1868).
Saigo Tanomo había predecido la inminente derrota del Clan Aizu y pidió evitar el derramamiento innecesario de sangre, pero no fue escuchado y casi se le considero un traidor. Fue enviado a Hokkaido a cumplir una misión. En este intervalo de tiempo el Clan fue destruido, a su regreso Saigo Tanomo encontró un terrible panorama en su vida. Su esposa e hijos junto a otros miembros de la familia, creyéndolo muerto, cometieron Sepuku (suicidio), por el método harakiri, Saigo Tanomo quedo solo pero su misión aun no estaba terminada y entonces afanado en salvar su arte decide adoptar a Shiro Saigo (1867-1922) quien pertenecía a la familia Shida. Shiro Saigo con su increíble habilidad técnica, ya siendo un verdadero maestro del arte es convencido por Jigoro Kano, fundador del Judo Kodokan, para que integrara las filas de este arte. Shiro accede y representa al Judo brindándole gran reputación, usando variaciones de las técnicas del Daito Ryu como la famosa Yama Arashi (tempestad en la montaña) una variante de una técnica original del Daito Ryu. Este pasaje histórico fue recogido en la novela escrita por Tsunejiro Tomita, nombrada “Judo Saga”, que posteriormente fue inmortalizada por el filme de Akira Kurosawa nombrado “La Leyenda del Judo” por razones no esclarecidas Shiro abandona el judo Kodokan y se retira de la vida publica. Este acontecimiento ha tejido una gama de especulaciones pero lo que realmente se ha comprobado es que él continuo instruyendo el arte del Daito Ryu a uno de sus discípulos nombrado Houei Yamashita.
Saigo Tanomo nuevamente sin sucesor vuelve a insistir y comienza a instruir a Sokaku Takeda (1860-1943). Era un descendiente de la familia Minamoto, un gran conocedor de las artes de Ken Jutsu y So Jutsu, disciplinado en la ética del Samurai, con el espíritu fuerte de un verdadero guerrero, lo que le ocasiono el nombre de “Aizu Han No Tengu”, (El pequeño demonio del clan Aizu). Sokaku hizo un gran aporte al desarrollo del arte del Daito Ryu convertido el sucesor directo del arte del clan Aizu. El cambio el nombre del arte de Oshiki uchi o Yamato Ryu por el de Daito Ryu Aiki Jujutsu, lo que significa “El Suave Y Tierno Arte De La Armonía Del Espíritu Del Gran Estilo Del Este”, este nombre también esta sujeto a muchas especulaciones y teorías no comprobadas. Se dice que Daito era el nombre de la mansión de Minamoto Yoshimitsu y que Sokaku Takeda lo adopto por sugerencia de Saigo Tanomo para denominar el estilo. Otra teoría afirma que Saigo Tanomo le sugirió el nombre en honor a la teoría de la “Unificación del Este”, (Para crear una coalición de países asiáticos dirigida por Japón) pero esta teoría fue creada por individuos que acusaban a Saigo Tanomo de predicar la “Supremacía Japonesa”, cosa que no es cierta. Una tercera teoría es que el nombre de Daito Ryu fue sugerido por Yoshida Kitaro (alumno y amigo de Sokaku) pues Sokaku usaba el nombre de Yamato Ryu, aun hoy muchos maestros no aceptan el nombre de Daito Ryu pues mantienen el de Oshiki Uchi afirmando que es el nombre correcto pues el arte es fundamentalmente para ser usado en palacio y no puede separarse de la reglas y la conducta relacionados con el arte (Marcialidad, brevedad y limpieza de la ejecución, así como un Kiai silencioso).
Otro aspecto a destacar de Sokaku es el de ser la primera persona en enseñar el arte a personas que no eran miembros del clan Aizu (por recomendación de Saigo Tanomo) principalmente a personalidades de alto rango en el gobierno militar, policías, alumnos de academias navales del servicio secreto, profesores, etc. Gracias a esto el arte del Daito Ryu no murió en el olvido y ha sobrevivido a través de varias generaciones. Sokaku también reorganizo el currículo de técnicas y aporto nuevas nomenclaturas a estas, por ello se le ha dado el titulo de “Chuko no So” (El Restaurador). Con sus instrucciones el formo a muchos hombres, que hoy forman la cabeza de muchos estilos y organizaciones. Uno de los más destacados fue el gran maestro Morihei Ueshiba fundador del Aikido Ueshiba creo las bases de su nuevo arte del Hiden (Shoden) Mokuroku del Daito Ryu. El nivel básico, fundamentalmente así como otros niveles.
El Daito Ryu es un Sogo Budo, o sea, un arte compuesto por varias artes marciales, dentro de las que podemos mencionar el:

1. Ken Jutsu (arte de las espadas),
2. So Jutsu (arte de la lanza),
3. Naginata Jutsu (arte de la alabarda),
4. Tanto Jutsu (arte del cuchillo),
5. Tessen Jutsu (arte del abanico),
6. Kasa Jutsu (arte de la sombrilla)
7. Bo Jutsu (arte del bastón),
8. Jutte Jutsu (arte del arma de apresar),
9. Shuriken (dardos),
10. Kusari Kama (cadena y hoz),
11. Manriki Kusari (cadena de los mil poderes), etc.

Todos ellos forman el Buki Waza (técnicas de las armas).
También existe un amplio currículo del Tai Jutsu (arte del cuerpo), donde las técnicas pueden ejecutarse contra uno o varios adversarios u oponentes en las posiciones de:
1. Idori (sentados ambos contendientes),
2. Hanza Handachi (uno sentado y otro parado),
3. Tachi Ai (los dos parados),
Las técnicas y estrategias se ejecutar en:
1. Futari Dori (Ni Nin Dori) (dos oponentes),
2. San Nin Dori (tres oponentes),
3. Yon Nin Dori (cuatro oponentes),
Y así sucesivamente, con:
1. Nage Waza (proyecciones),
2. Osae Waza (controles),
3. Omote (al frente),
4. Ura (atrás),
Usando principios como:
1. Awase (amoldarse),
2. Irimi (entrar),
3. Tenkan (girar),
4. Sen No Sen, y
5. Go No Sen.
Los niveles de enseñanza del Daito Ryu se conocen como Daito Ryu no San dai GI Ho, el cual se ha conservado desde los tiempos en que se instruía en el Clan Aizu. Estos tres niveles son los siguientes:
Jujutsu: incluye técnicas fuertes de movimientos amplios, con énfasis en el Kime, Kuzushi, Atemi y dominio del elemento Furi Aiki (fuego), se enseñaba a los soldados de infantería y baja clase social.
Aiki Jujutsu: incluye técnicas más flexibles con énfasis en el Kuzushi y uso del Aiki, Kiai audible y sonoro, uso de los elementos Nuki Aiki, Gyo Aiki (viento y bosque) se enseñaba a mujeres guardas samurai de alto rango (Hatamoto y Hanshi).
Aiki No Jutsu: se relaciona con el dominio del elemento Jitto Aiki (inmóvil como la montaña) donde existe un dominio total del Ki, técnicas con movimientos mínimos, sin romper las reglas de etiqueta de la corte, se instruía a individuos de alto rango militar, intelectual o religioso.
Los niveles para la instrucción del Daito Ryu son los siguientes:
Okuiri: Entrada a los secretos.
Shoden Hiden Mokuroku: Nivel básico.
Chuden: Nivel superior.
Hiden: Nivel alto donde se han adquirido los secretos.
Menkyo: Nivel donde se dominan todos los secretos con
permiso de instrucción superior.
Menkyo Kaiden: Nivel para el que hereda la dirección de un estilo.
Existe un Mokuroku especial denominado Aiki In Yo Odori (la danza del yin y el yang) (forma antigua). Le siguen Goshin Yo Note, Aiki No jutsu y Hiden Ogi, todos estos aspectos forman parte del vasto arsenal estratégico del Daito Ryu Aiki Jujutsu, pero el aspecto mas interesante y digno de destacar de este ancestral arte no es el gran numero de técnicas que posee agrupadas en sus disímiles niveles. El verdadero valor que posee este arte marcial se fundamenta en el cultivo y conservación de la tradición, la ética y la filosofía, de esto es de lo que realmente los seguidores y privilegiados practicantes de este arte pueden enorgullecerse.
Muchas son las desinformaciones que se poseen sobre los antiguos estilos del Ko Ryu Bujutsu y en igual forma las agresiones verbales que con ignorancia superlativa se expresan penosamente por algunas personas prejuiciosas y cínicas que alegan que el Bujutsu, es un arte creado para matar, que crea individuos agresivos, ignorantes, sin regla de conducta adecuada, belicosos con espíritus corruptos y chovinistas. Que el Budo es todo lo contrario.
Debemos decir que el Budo es tan hermano como el Bujutsu si su aplicación es verdadera y fiel. Debemos recordar que en la era Meiji fueron las artes relacionadas con el Budo las que hicieron lamentables transformaciones como la creación de rangos, las confrontaciones deportivas, etc. que el Bujutsu Ko Ryu no toleraba ni reconocía. Esto trajo como consigo enaltecer el ego de los practicantes. El Bujutsu en esencia siempre protegió su tradición abogando por la compasión y la humildad. Contrario a lo que muchos piensan, como matar y ser irrespetuosos por la vida y la sociedad.
En los viejos escritos se destacan axiomas como:
“El samurai es el primero en sufrir aflicción por la sociedad humana y es el ultimo en buscar placer personal”. Como se aprecia esto es todo lo opuesto a las equivocas opiniones que comúnmente se tienen y contradictorio a lo que se exhibe en filmes contemporáneos donde se exponen malos criterios sobre los Bushis (antiguos guerreros) y el Bujutsu.
Retrocediendo un poco en la historia, en la antigua escuela de artes marciales del clan Aizu la Nisshinkan donde se enseñaba la estrategia del Daito Ryu Aiki Jujutsu (Oshiki Uchi) era de obligatoriedad para todos sus miembros estudiar artes relacionadas con la escritura, la música, la poesía, la pintura, el arreglo floral, la ceremonia del té, además de leer y estudiar las obras clásicas chinas, todo lo cual perseguía el preciado fin de cultivar integralmente el espíritu de sabiduría y sensibilidad por lo digno, lo humano y lo noble.
Un guerrero que no apreciara estas virtudes intelectuales, y no inclinara su amor hacia la naturaleza humana, nunca podría considerarse un noble y honorable guerrero. Su verdadero reconocimiento dependía de su culto y digno espíritu, los practicantes de Oshiki Ushi, además, estaban sometidos a un rígido código de conducta regido por el clan y un edicto (Shisotsu Kenrei), que aun en nuestros día proclama la prohibición de ofender al oponente o decirle palabras obscenas.
Artes marciales que tuvieron como raíz al Daito Ryu:
Hapkido, Aikido, Shorinji Kempo, etc. otra gran parte de los estilos derivados son matizados por estos códigos de conducta y disciplina, en los cuales los maestros que los crearon guardaron celosamente, las siete virtudes del código del Bushido(Bushido No Nana Kihon Toku Moku), que expresan claramente la moral que siguen los practicantes del Daito Ryu.
1. Yuki Coraje
2. Seigi Honradez
3. Seijitsu Sinceridad
4. Reigi Cortesía
5. Chûsei Lealtad
6. Keii Honor
7. Jihi Compasión
Esta ultima la más importante de todas. Todas ellas hablan por si mismas de las verdaderas virtudes de un guerrero, el estudiante que niega alguno de estos principios antes o durante la práctica es anulado de los mismos privilegios de aprender el arte. Es por ello que el Daito Ryu es un “Arte selecto no publico”.
Otro concepto por el cual se rigen los miembros del Daito Ryu es el de “Bushi No Nasake”, (la compasión del guerrero), si cualquier miembro de un Dojo de Daito Ryu no es capaz de interiorizar este concepto tan digno y noble, no merece ser instruido en el arte, pues desde que el arriba al Dojo, es la primera prioridad que debe instruirse, esto es el respeto por la vida de todos sus semejantes, el perdón. El tiene la obligación de practicar esto diariamente, amando a todos por igual, con el mismo respeto y cortesía, perdonando las ofensas y evadiendo las agresiones morales y físicas a las cuales se somete cotidianamente en el transcurso de su vida social.
“Bushi No Nasake” denota la madurez total del espíritu del guerrero. Un guerrero sin compasión se convierte en un ser arrogante, para ocultar su inevitable miedo, estos individuos son inaceptados en Daito Ryu pues en este arte cuanto mas se domina una técnica con maestría, mayor posibilidad existe de no dañar al oponente, cuando sea necesario usarlo para proteger la integridad física propia o la de otros. El objetivo supremo de este alto nivel de destreza no es el de dañar al agresor sino de controlarlo, de hacerle desistir de sus agresiones, aplicando el principio de “Wa Seichin”, (Armonía espiritual).
Un verdadero budoka que practique la estrategia del Daito Ryu ignorara siempre cualquier insulto y neutralizara siempre cualquier ataque sin recurrir a la agresividad o la violencia. El posee poder, pero opta por la virtud de su compasión. Esto es un claro ejemplo de Bushi No Nasake. Para lograr este estado, se requiere de un entrenamiento espiritual guiado por un verdadero maestro de Budo.
En Daito Ryu se aprende una sabia y antiquísima frase que es enseñada al practicante desde su inicio, y que es parte de la vida cotidiana de los más aventajados esta frase es “Masakatsu Agatsu Katsu Hayabi”, lo cual expresa “El momento de la verdadera y correcta victoria”. Es la victoria que se persigue cada día en las practicas en el Dojo y fuera de el, es la victoria correcta sobre las propias debilidades que poseemos todos los seres humanos, es vencer a nuestro propio espíritu, nuestro propio ego nuestro débil Yo humano. Lo cual significa encontrar el momento exacto de destruir nuestras propias emociones negativas, tales como la arrogancia, el odio, la rudeza de carácter, la ira, el desamor, la envidia, los vicios etc. Esta victoria correcta es fundamental, para alcanzar la suprema estrategia del Daito Ryu Aiki Jujutsu, porque el enemigo principal que posee el guerrero esta justamente en si mismo, no es el oponente que le arremete, puesto que muchas veces somos agredidos por no aplicar el concepto Wa (armonía) y debido a la carencia de Awase (seguir juntos, amoldados) a toda situación con sabiduría en nuestra cotidiana vida.
El concepto Yuki (coraje) es un principio que a veces se mal interpreta por muchas personas, en Daito Ryu este concepto es bien definido por el maestro al estudiante. Coraje, no es sencillamente mostrarse valiente ante un adversario o varios, ni defendernos con rudeza en situaciones desventajosas, el verdadero concepto de coraje es poner en practica el amor y la paciencia, evitando los conflictos. Tener coraje para sabe humillar al espíritu y ser condescendientes con otras personas, haciéndoles entender así sus posibles errores buscando una vía para proporcionar armonía y conservar así la paz. Coraje es mantener alto el autodominio ante todas las cosas nocivas y frenar la debilidad de nuestro (incontrolable) Yo.
Otro de los conceptos que identifica el Daito Ryu es el de Shiken Shobu (pelear hasta la muerte) “Espada Viva”. Parece, a simple vista paradójico pronunciar esta frase, haciendo antes mención a los conceptos de armonía y paz. Muchos neófitos y desentendidos pueden definirlo literalmente como “Morir combatiendo” ante un agresor superior, sin otra idea que tener arrojo o valentía para no vacilar en matar o morir, esto es incorrecto y se aleja muchísimo del noble concepto que encierra este principio pues lo que revela este concepto no es otra cosa que un ingrediente de los anteriormente expuestos. Es pelear como un verdadero guerrero, hasta sus últimos días de vida por mejorar espiritualmente, por ganarle el combate al Yo imperfecto y endurecido, pelear hasta la muerte contra mil imperfecciones humanas, esto es esencia en el núcleo del corazón del Budo.
Los códigos disciplinarios del Daito Ryu plantean y exigen lo siguiente:
“Honrar los conceptos de la verdad, la vida y el amor, practicar la benevolencia el coraje y la sabiduría. Defender las causas justas y el honor, proteger y preservar el espíritu del Budo, no traicionar el arte ni la federación a la que se pertenece.”
Para concluir este trabajo sobre Daito Ryu Aiki Jujutsu y dar aun más veracidad a nuestra reputación de que el mismo ha sido mal interpretado en ocasiones por personas ignorantes y en otras por personas con el ánimo de ensombrecerlo con fines no revelados.
Daremos a conocer algunos de los pensamientos legados por hombres que satisfactoriamente le dieron y aun lo honran con gloria, que no solo fueron destacados guerreros llenos de coraje y honor ante los combates y la muerte sino que nos han dejado su filosófico pensamiento, lleno de la más hermosa vivencia, cubierta con el sutil y sabio concepto de Budo.
Saigo Tanomo, Sacerdote y maestro del clan Aizu, conocedor de la estrategia del arte de la guerra expreso:
“Cuando busques a un hombre para enseñarle el arte de la guerra, elige a aquel que mas ame la paz.”
“Si un hombre admite sinceramente que la armonía y la paz son sus objetivos, cree en su sabiduría, si la desdeña cree solo en su miedo.”
“El conocimiento que crea humildad es parte de la sabiduría. Habilidades mantenidas con modestia son parte del honor. Conocimiento y habilidades que promueven la arrogancia son parte de la estupidez.”
Ichikawa Yasushiro otro gran líder del clan Aizu escribió:
“La primera lección que se debe enseñar a un esgrimista es la habilidad de salir victorioso en una confrontación sin llegar a desenvainar su espada.”
Onishi Akisaburo expreso:
“No existe merito alguno en enseñar técnicas solamente. Cualquiera puede dar lecciones de cómo matar, todo lo que se necesita es miedo latente.”
1.
Lo mas difícil de enseñar es como vivir. Budo es vida y un verdadero maestro de Budo es aquel que educa con su ejemplo y para eso se necesita coraje y sabiduría.
A menos que comprendan estas cosas en si mismos, no puede uno considerarse un maestro Las palabras sobran al desear explicar los detalles y la importancia de estos sabios pensamientos. El Daito Ryu actual es un legítimo y fiel legado que expone diariamente práctica tras práctica en el Dojo y fuera de el que es un arte suave y tierno en busca de la armonía espiritual.
¡DOMO ARIGATO GOSAI MASHITA!
Asociación de Daito Ryu Aiki Bujutsu Cubana