CHÛSEI
NO KOKORO EL ESPÍRITU DE LA LEALTAD.
“la
lealtad es una rara virtud en estos días”
Por:
Máximo Roy Fernández Rodríguez.
Queremos comenzar con esta frase dicha por Ichikawa Yoshinori soke, para encabezar esta exposición, con la
cual deseamos con marcado interés hacer llegar un mensaje a los oídos
receptores de todos los practicantes de las artes marciales de nuestro país. Es
nuestro objetivo supremo el poder rescatar un importante, pero descuidado
principio del bushidô, casi ignorado
hoy día por muchos instructores y estudiantes de las tradicionales artes de
combate. Nos referimos al precepto “Chûsei”
(lealtad).
Es lamentable notar el deterioro espiritual que ha emanado en los últimos
tiempos de los practicantes de artes marciales; reflejadas a diario en las prácticas
regulares en el dôjô, en
demostraciones públicas y en competiciones deportivas. Estas burdas
manifestaciones son como daga hiriente en el corazón de cada Maestro, cada dôjô, y cada estilo que le hacen
sangrar, manchando la esencia misma del arte.
La lealtad que debe ser elixir cotidiano de todo ser humano debe remarcarse
en el corazón del estudiante antes de arribar con su Keikogi al dôjô, pues el
debe poseer un aclara conciencia de cual es verdadero objetivo en el mismo
instante en el cual el es aceptado para emprender el largo y serio (Do) camino como artista marcial.
Sin poseer el espíritu del principio Chûsei
es inadmisible enseñar el arte de la estrategia y la técnica a ningún
estudiante y mucho menos que pueda entender y alcanzar el gran significado de Dô y Jutsu. Un verdadero estilo (Ryu)
se crea, se reproduce y perdura en su conservación y trascendencia solo cuando
sus seguidores encierran en su cuerpo y alma lealtad hacia si mismos, a sus preceptos
y a sus maestros. No deben aceptarse cambios ni transformaciones. Lealtad no
permite acomodos, ni facilísimo; lealtad es autentica voluntad, coraje y honor
pues ella se nutre de fidelidad absoluta hacia algo o alguien y es contraria a
debilidades.
Practicar artes marciales es un privilegio que requiere carácter y
dedicación, no es solo aprender como muchos piensan, un sinnúmero de técnicas y
habilidades corporales. Es seguir las enseñanzas del Budô y este no puede ser practicado sin el Chûsei no Kokoro.
En el camino que debe recorrer el practicante de artes marciales; sea
estudiante, instructor o maestro, deben practicar, conocer, aplicar y conservar
tres conceptos indispensables para desarrollar chûsei:
1.- Giri. (Deuda de gratitud hacia su estilo
“Arte”).
2.- On. (Deber y deuda de gratitud
hacia sus maestros).
3.- Makoto. (Sinceridad).
Estas deben ser puestas a prueba en cada instante de su vida.
La lealtad de un budôka esta
siempre presente. En el dôjô cuando
faltan las fuerzas por el riguroso entrenamiento y la voluntad empieza a ceder
al no lograr dominar las técnicas que el maestro demuestra, o las que se deben
pulir para alcanzar la aproximación a la perfección. Fuera del dôjô, cuando se necesita el coraje para
enfrentar la muerte, no solo la física, sino la espiritual que es enfrentarse a
la sociedad que critica y ofende nuestro arte, y nuestra conducta poco común
para con los que nos empujan a manchar nuestro espíritu con debilidades tales
como la arrogancia, el vicio, el rencor, las burlas y las ambiciones humanas
desmedidas.
En el caso de instructores y maestros, la lealtad hacia su estilo debe
reflejarse en su conducta. Lealtad es sencillez, modestia; no arrogancia,
extremismo, ni abuso de poder. Tampoco autovaloración del nivel técnico ni
extravagancia. Un maestro debe conducirse con sobriedad en cada acto de su vida
exigiendo y a su vez siendo ejemplo. En el mundo de las artes marciales podemos
definir la lealtad como la mas hermosa, elevada y difícil manifestación de
Amor, la cual debe llevarse como premisa fundamental en el corazón del budôka, pues sin ella su arte no se
consolidara jamás verdaderamente ya que la misma porta la llave del desarrollo
integro de cada estudiante y posteriormente de cada maestro que deberá portar
el principio ineludible de Shoshinsha
(espíritu del principiante) cuando imparta el hermoso legado de su arte y no
traer desvergüenza, deshonor, ingratitud y cinismo al mismo, sin honor (Kei-i) y proliferación.
Lealtad es fuerza de espíritu, ética, sacrificio, dedicación, compasión y
disciplina. Cuando un maestro, que ha instruido por a años sus estudiantes y
los convierte en sus discípulos en el arte o en su estilo, muere, o pierde
facultades o ha sufrido cualquier otro incidente que lo separa de la conducción
de su arte para continuar la instrucción en el proceso conocido como Shu-Ha-Ri, entonces el estudiante o
instructor es cuando realmente se define como autentico y leal discípulo al tomar la responsabilidad de su arte y su estilo
como un embajador del mismo y lo transmite con toda su energía y
espiritualidad, continuando el legado de su maestro; proporcionando así la
conservación autentica y digna de las experiencias técnicas, los principios, la
estrategia y el propio esfuerzo amoroso que durante mucho tiempo el retomo de
su maestro para elevarlo a lo mas alto del pedestal de sus sentimientos.
Los alumnos que se resienten ante estos deberes solo pueden catalogarse
como traidores, hipócritas y cínicos que solo persiguen las oportunidades y los
elementos técnicos para obtener beneficio propio en su vida personal y privada.
Estos son los que manchan, degeneran y destruyen los dôjô, estilos y vergonzosamente olvidan a sus propios maestros.
Estos son los individuos que no trascienden en la generación del arte, por
muchos logros que aparenten alcanzar ante los ojos ciegos de los que miran, les
persiguen y aclaman con falsas adulaciones, son la vergüenza personificada de
un legado que al final traspasará los umbrales de su propia y tristemente “celebre”
historia, conduciéndolos en la mentira y mediocridad humana sin un posible
retorno a la paz en sus vidas como objetivo supremo del Budô.
Por ultimo, para finalizar con este modesto escrito, hago cita de un
fragmento redactado por Ayako Yamamoto
Sensei en una dedicatoria que nos hizo para un documento de trabajo, el
cual resume cabalmente lo que es el verdadero “camino” a seguir por un
autentico espíritu en las artes marciales. Ella nos escribió: “El verdadero Budô es coraje, integridad, humildad, respeto
y lealtad; y esas virtudes se prueban en la vida diaria. No son decididas en el
instante por la bandera de un árbitro. La
senda correcta, por supuesto, es la más difícil. Los débiles la traicionan, los
ignorantes la rechazan y los estúpidos la ofenden. En la memoria de cada
maestro hay decepciones amargas por causa de alumnos que rechazan o vuelven la
espalda. Pero también hay satisfacciones que cada alumno que se esfuerza, que
permanece fiel, que es capaz de comprender y actuar y acatar cada precepto de
la misma manera que aprende cada técnica. Y es la esperanza de cada maestro que
las segundas sean mucho mas numerosas que las primeras.”
¡Gracias por sus encomiásticas y sabias palabras Sensei, por ello le
decimos Dômo arigatô gozaimashita.
Nosotros mantenemos firmes y elevado perennemente el principio de Chûsei.
Documento de estudio para:
“La Asociación Cubana de Daito Ryu Aiki
Bujutsu.”